Macarena Ferrer Ortiz

Las casas de cerámica son más que una pieza decorativa. Mis obras llevan impresas frases o palabras que buscan entregar un mensaje significativo “para que ellas llenen de alma las casas donde están y a las personas que las tienen”. Sabiduría, paciencia, abundancia y citas que me han cautivado, como una del Papa Francisco, son las que plasmo, utilizando técnicas de diseño gráfico, mi profesión desde hace 22 años.

A la cerámica llegué poco tiempo después, buscando un complemento a mi trabajo donde soy muy estructurada. Este oficio me lleva a lo otro, me libera, es mi terapia. Enseña a no apurar los tiempos y a esperar la sorpresa de lo que el horno te quiere regalar.

Después de aprender en otros talleres, hace diez años llegué al de la ceramista Mariana Sarli, a quien agradezco sus infinitas enseñanzas, generosidad y una amistad de oro. Partí como todos, haciendo piezas utilitarias. Luego surgió la CASA porque para mi es una figura significativa, muy simbólica y universal. Trabajé distintos modelos, hasta que llegué a una proporción simple, alta y estilizada.

Por medio de placas construyo estas figuras simples, puras y únicas, a las que transfiero tipografías, diseños bajo y sobre relieve. Utilizando distintas pastas, esmaltes, óxidos y oros resaltando la originalidad de cada una.

 

ceramista Macarena Ferrer

“Hoy sigo en el mismo camino de aprendizaje y en la búsqueda constante para que mi trabajo tengan contenido, que haya un mensaje que trascienda, mensajes universales, que lleguen al alma y que inspiren a muchas personas”.

El Taller es una experiencia

El taller es un espacio en el que mundo se congela, todo lo que está afuera deja de suceder y uno puede pasar horas trabajando sin descanso.

Entre pastas, colores, pinceles, usleros, dejamos volar nuestra imaginación, vamos creando y enfrentando todos los problemas y desafíos del camino, siempre habrá alguna manera de resolverlos.

La cerámica nos enseña sobre la paciencia, que no debemos apurar las piezas, que debemos esperar los tiempos, que si apuramos todo, se triza y se quiebra. Y así es! Una lección de humildad permanente, siempre estás aprendiendo, es partir siempre de nuevo. En el taller no hay tecnología que sirva, no hay photoshop que repare o arregle. La cerámica es real como la vida, hay que cuidarla, hay que dejar que te enseñe.

El taller, no sólo es el trabajo con la tierra, es recorrer un camino con otras personas, lindas mujeres, es conversar sin fin, es compartir la vida con las penas y alegrías.

Me declaro afortunada y agradecida! e invito a quien tenga curiosidad sobre este mundo a trabajar y a aprender este lindo oficio.